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¿Grandes empresas o empresas grandes?

Desde el punto de vista semántico deberíamos concluir que es lo mismo pero si lo llevamos al terreno de la percepción laboral, no lo es.

El mundo tiene cada vez más, “empresas grandes”.

El discurso y las tesis de la globalización como paradigma de competitividad, de rentabilidad y productividad gracias a las economías de escala, propugnado por ¡¿expertos economistas y gurús de todo lo que se mueve?! ha calado hondo y seguimos en un proceso imparable donde el tamaño lo es todo. Como promulga el dicho popular: “burro grande, ande o no ande”.

Así que me voy a permitir jugar con los tamaños para enunciar la siguiente fórmula:

“empresas grandes = personas pequeñas”.

Comparto mi definición del término “personas pequeñas” en el ámbito empresarial y profesional: Se trata de personas que aunque disponen de una gran inteligencia y recursos personales y técnicos suficientes para ser brillantes, admirados y respetados por sus colaboradores, optaron un día, probablemente de manera inconsciente, por apostar todas sus fichas en su propio y exclusivo beneficio, atrayendo a su alrededor a aduladores del poder que aspiran a ocupar el trono algún día y que alimentan su ego a diario, adoptando por lo general el despotismo y la tiranía como herramientas exclusivas en la gestión de personas, unido a una sordera y ceguera emocional auto protectoras e imprescindibles para no tener que revisar sus comportamientos.

¿te resulta familiar este perfil? ¿lo ves a diario en tu empresa?

Por supuesto este tipo de comportamientos de lo que yo denomino “personas pequeñas” no es exclusivo de empresas grandes y también se pueden dar en Pymes. Si es éste el caso, tengo buenas noticias para tod@s, el mundo no tendrá una nueva empresa grande más. La supervivencia de una empresa pequeña y estos comportamientos no son compatibles entre sí.

Afortunadamente, existen también empresas grandes que son grandes empresas y por supuesto, muchas pequeñas en tamaño que también gozan de este calificativo. Son aquellas que contemplan el negocio no sólo desde un plano puramente económico en el que dar beneficios lo es todo. Se caracterizan por un liderazgo basado en el servicio a los demás, en la colaboración y el trabajo en equipo en aras de una meta común.

Son empresas en las que la escucha sincera y activa, la capacidad de autocrítica y la humildad, son herramientas diariamente manejadas por sus mandos. En estos espacios profesionales las personas se sienten reconocidas y respetadas, generando de esta manera el compromiso y la pasión necesaria para alcanzar cualquier reto. Se premia el mérito, la creatividad, la iniciativa, la proactividad y por supuesto, la aportación de valor al negocio. La conciliación de la vida laboral y profesional no es un objetivo perseguido por todos los componentes de la organización, es una realidad diaria manifestada en acciones.

Para que el futuro pueda estar lleno de grandes empresas, los clientes tendremos que empezar a consumir de manera diferente.

Pongo un par de ejemplos:

“Es muy difícil perseguir desde el punto de vista profesional unos horarios de salida lógicos de nuestros trabajos, pongamos a las 17:00 horas para que podamos también tener tiempo libre de calidad en nuestra vida privada y por otro lado, pretender como cliente que los establecimientos en los que compramos estén abiertos hasta las 22:00 o si puede ser, 24 horas a nuestra disposición”

“Es muy loable reivindicar el fin de las guerras en el mundo pero pierde todo su sentido y coherencia, cuando a continuación, dejamos nuestro dinero en manos de entidades financieras que invierten en empresas fabricantes de armas, para aumentar sus beneficios”

Como clientes, empecemos a priorizar en nuestra elección a la hora de comprar productos y servicios, sobre empresas en las que se constaten buenas prácticas, porque de no hacerlo, la calidad de vida de cualquier empleado de cualquier empresa y la de la sociedad en su conjunto, se irá deteriorando paulatinamente, al premiar con nuestras compras a organizaciones que no se preocupan por las necesidades de las personas de su organización o que no tienen ética cuando se trata de conseguir más dinero.

Albert Einstein decía que no se puede solucionar un problema haciendo lo mismo que lo originó. Ahora la pelota está en nuestro tejado.