suerte

Bueno, malo, ¿quién sabe?

bueno malo quien sabeUn anciano vivía en un verde valle con su hijo, un joven apuesto y respetuoso. Pese a la falta de posesiones materiales, llevaban una vida idílica y eran muy felices. Tanto que se despertaron sentimientos de envidia entre sus vecinos.

El anciano gastó prácticamente todos sus ahorros en comprar un caballo joven sin domar. Era una hermosa criatura y pensaba utilizarlo para la cría. La misma noche que lo compró, el caballo saltó por encima de la cerca y desapareció. Los vecinos acudieron y lo compadecieron.

– ¡Qué terrible! -dijeron.

– ¿Bueno?, ¿malo?, ¿Quién sabe? – respondió el anciano.

Diez días después el caballo volvió. Venía acompañado de media docena de caballos salvajes, y el viejo logró hacer que entraran en su cercado que había arreglado para que no fuera posible volver a escapar de él.

– ¡Qué buena suerte! – dijeron los vecinos, agrupándose a su alrededor.

– ¿Bueno?, ¿malo?, ¿Quién sabe? – respondió el anciano.

Su hijo empezó a adiestrar a los caballos. Uno de ellos lo tiró al suelo y le pisoteó la pierna, que sanó torcida y le dejó con una cojera permanente.

¡Qué desgracia! – dijeron los vecinos.

– ¿Bueno?, ¿malo?, ¿Quién sabe? – respondió el anciano.

Al verano siguiente, el rey declaró la guerra. Destacamentos de leva llegaron al pueblo y se llevaron a todos los jóvenes como soldados. El hijo del anciano se libró debido a su pierna lisiada.

– Tienes suerte de verdad -exclamaron los vecinos mientras lamentaban sus propias pérdidas.

– ¿Bueno?, ¿malo?, ¿Quién sabe? – respondió el anciano.

Srikumar S. Rao

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